¿Cuáles son los secretos del modelo israelí en el campo de los jóvenes en riesgo?
Aunque la respuesta es compleja, y no es una respuesta directa como una receta de cocina, sin lugar a duda podemos señalar algunas pautas que evidencian una trayectoria de éxito.
La colaboración como pilar del enfoque israelí
Existe un programa nacional para jóvenes en riesgo llamado “360”. El programa, como su nombre lo indica, asume que los desafíos no se limitan a un solo ámbito, y busca abordarlos desde todas las direcciones con una perspectiva integral.
Seis ministerios de gobierno han unido fuerzas para implementarlo: el Ministerio de Bienestar y Servicios Sociales lo lidera como organismo integral del programa, y el Ministerio de Educación coopera con el programa en distintas partes del país. Los Ministerios de Salud, de Inmigración y Absorción, de Seguridad Interna, y de Economía e Industria también participan en el programa y en su implementación. Además, el Programa de Afiliados, el Centro de Gobierno Local y el JDC Israel participan en su implementación.
Uno de los principios de la planificación y la implementación es:
“Los niños en el centro: gestión interministerial y puesta en común de recursos según las necesidades de los niños en las distintas comunidades.”
La Sra. Mimi Ackerman, Jefa de Capacitación del Programa 360, explicó que el éxito de esta colaboración interministerial depende de tomar decisiones basadas en datos, y que una buena recopilación de datos es uno de los principios detrás de su éxito.
Siempre existe una “segunda oportunidad”
Al conocer el enfoque israelí y sus distintos programas, se escucha una y otra vez: “esta es la segunda y última oportunidad”. Al principio, esto llama la atención, porque uno supone que ese programa, modelo o enfoque en particular podría ser el último recurso disponible para alcanzar a estos “jóvenes” antes de perderlos. Sin embargo, poco a poco uno se da cuenta de que esto también es uno de los secretos del modelo: ningún niño se queda atrás; siempre hay una “segunda y última oportunidad”.
La pasión de los profesionales, y los recursos que ofrece el modelo, son tales que siempre aparece una “segunda oportunidad” más, adaptada al niño o joven, que busca responder a algunas de sus necesidades y potenciar sus fortalezas. Se pueden visitar programas dentro de las escuelas, fuera de las escuelas, en educación no formal, educación vocacional, educación “a medida”, programas de gobierno, programas de autoridades locales, programas de ONG, y así sucesivamente, y siempre se encuentra una oportunidad más.
Detrás de todos estos esfuerzos hay una idea simple: “No es mi responsabilidad cómo llegó este niño a mi cuidado, pero sí es mi responsabilidad cómo será cuando se vaya”. Es una afirmación poderosa, que asume responsabilidad por el niño. No importa lo que haya sucedido hasta ahora: de ahora en adelante, voy a hacer que las cosas mejoren.
Aquí les dejo una charla TED inspiradora que explica la importancia de nuestro impacto, y de las relaciones que construimos con los jóvenes.
Las tres eses
Un Adulto Significativo, Algo que hacer y aprender, y Espacio. Estos tres elementos son componentes fundamentales para abordar los desafíos que enfrentan los jóvenes.
En primer lugar, la presencia —o al menos la referencia— de un adulto que pueda servir como modelo a seguir. La mayoría de estos niños y jóvenes provienen de un lugar donde esta figura no existe, o existe de forma negativa. Este modelo a seguir le da al niño valores, comportamiento normativo y apoyo emocional.
La segunda ese se refiere al hecho de que estos jóvenes muchas veces cargan con un gran potencial que no se cumple; lo único que necesitamos hacer es “abrir la puerta” y dejarlo salir. Es más, a veces la única “válvula de escape” disponible es el vandalismo, que no es más que una forma de “hacer algo”, solo que no de la manera correcta.
Finalmente, el Espacio: los jóvenes necesitan un lugar para estar, para expresarse. Si queremos ayudarlos, necesitamos entender sus necesidades, y la mejor manera de hacerlo es dándoles espacio, un término que uso tanto en sentido literal como emocional. El programa 360 ofrece diversos enfoques, pero en todos ellos se les da a los jóvenes espacio para expresarse y experimentar. Dos buenos ejemplos que reflejan claramente esta idea: el Café Juvenil organizado por la Municipalidad de Jerusalén en el centro de la ciudad, que ofrece un lugar seguro donde se sienten protegidos y reciben apoyo y orientación informal. El segundo es SAJI, un movimiento juvenil en barrios de bajos ingresos, donde los jóvenes en riesgo encuentran su lugar durante las noches, y que también ayuda a familias necesitadas.
Estas pautas reflejan cómo Israel elige enfrentar los desafíos de los jóvenes en riesgo, desde el nivel de las políticas públicas hasta la comprensión emocional de estos jóvenes. Es un gran desafío, y es un desafío a nivel mundial. Espero que sigamos uniendo esfuerzos para superar estos desafíos y apoyar a nuestros niños y jóvenes: es nuestra responsabilidad.